Taller

 

 

 

El repujado es una técnica muy antigua. Comenzó a tomar auge en el siglo XII cuando se constató que los iconos sufrían deterioro a causa del humo de las velas que iluminaban las iglesias donde se veneraban. Fue entonces cuando empezaron a cubrirse las imágenes con metales preciosos como el oro y la plata, con objeto de protegerlos del humo y de quienes se acercaban para tocarlos.

La técnica aplicada en nuestro taller comienza con la preparación de un diseño sobre papel, a partir del cual se procede al calcado sobre el metal. Cabe decir que el estaño es el metal más utilizado por su maleabilidad, aunque también utilizamos el latón y la plata por cuestiones de estética. 

Una vez calcado el diseño por el revés del metal se procede a definirlo y darle mayor profundidad con un perfilador. A continuación, comienza el repujado propiamente dicho, para el cual se utiliza un difuminador. La lamina de metal se coloca sobre una pieza de gamuza natural, colocando el lado del revés hacia arriba. A partir de ahí, comienza el proceso por el cual se hacen resaltar las líneas y las formas que darán lugar al relieve del icono. Este proceso puede ser tan largo como dicte la propia minuciosidad del artista.

 

Posteriormente se coloca la lámina sobre una superficie dura, con la parte del derecho hacia arriba, para proceder a aplanar y perfilar las zonas que han resultado curvadas por efecto del repujado y que, sin embargo, deben permanecer lisas.  

 

Tras finalizar el repujado de la lámina de metal, se rellenan los huecos por el reverso con cera y resina y se deja secar hasta que solidifica. Por último, se aplica una patina y se pule.

 

La pintura de las imágenes ha sido deliberadamente obviada hasta ahora en la descripción del proceso puesto que merece una atención especial.

Todos los iconos que salen de nuestro taller están pintados a mano. Para realzar las figuras utilizamos unos pigmentos especiales, los cuales se aplican sobre una tabla de madera que ha sido previamente tratada para conseguir los efectos deseados en cuanto a adherencia y estética. En cualquier caso, una vez acabada la pintura se aplican diversas capas de barniz antes de dejar la tabla acabada.

 

La concepción de cada uno de los iconos que sale de nuestra taller es minuciosa y requiere una gran atención por los pequeños detalles. Por esta razón, el proceso de creación de un icono es lento. Cada nueva obra supone entre unas cuarenta a sesenta horas de trabajo, en función del tamaño, el diseño y el material con que se realice la obra.